Castigar rehabilitando

Por Pilar, el 27/03/2016

Castigar rehabilitando

Emilio Calatayud es un juez de menores que se puede definir como diferente, peculiar, por la manera de aplicar sus castigos: En vez de mandar a los jóvenes a un centro, o hacer que sus padres paguen una multa, propone métodos mucho más educativos como son las sentencias rehabilitadoras. Si por ejemplo un chico está acusado de pegar fuego a un contenedor, la pena impuesta es trabajar de voluntario con los bomberos; si ha cometido alguna imprudencia con su motocicleta, le mandará acudir un número de horas a un centro de personas víctimas de accidentes, y así con todo. 

En vez de castigar solamente, intenta reeducar al menor, haciéndole ver desde el otro lado, desde el de la persona o colectivo perjudicado por su falta, el alcance real de su acto. Es una excelente manera de hacer las cosas, sobre todo con la gente más joven que tal vez no es consciente de sus acciones, no porque no sepan claramente que lo están haciendo mal, sino porque no saben hasta qué punto puede llegar el mal que provocan. 

Y es interesante por ellos sobre todo y por la sociedad, ya que la función de ese castigo es reeducar a quién actúa de manera impropia. Hay acciones que son disculpables cuando se producen por primera vez como consecuencia de la ignorancia o de la inconsciencia, pero por el bien del propio menor y de la sociedad no deben volverse a producir, porque aunque no haya habido una clara intencionalidad de lastimar si que han podido tener consecuencias graves e irreversibles. 

Y el mejor modo de que esto ocurra es que el menor se ponga en la piel del otro, y sea capaz de entender qué es lo que ha hecho. Si se consigue que un chico comprenda que no es solo un problema suyo el hecho de conducir bajo los efectos del alcohol, sino que puede poner el peligro la integridad y la vida de otras personas, que su acción alcanza también a otros, es posible que la actitud del muchacho cambie a partir de ese momento. Y si no es así por lo menos se habrá procurado  que sea consciente de las cosas, pero si no se intenta no tiene demasiado sentido estigmatizar como delincuente juvenil a alguien que no ha tenido intención real de cometer un delito. No hay que confundir la inexperiencia con la mala voluntad, y la primera la hemos padecido todos alguna vez. 

Por eso es tan interesante encontrarse con alguien como este juez, que castigue con el interés de educar desde la firmeza y el interés por rehabilitar al menor. Alquien que les ayude a cambiar de actitud y ser conscientes del poder de su propia voluntad. Indudablemente se han de sancionar las acciones inapropiadas, inconscientes o no, y sin duda es más fácil, o más cómodo, un castigo en plan la haces la pagas. El problema es que así, lo único que se consigue es que el menor, a la próxima vez, haga las cosas de manera que evite las consecuencias de su mala acción, no ésta en si misma. 

En cambio si es consciente de qué es lo que ha hecho realmente, lo suyo es que no lo vuelva a hacer más, no por miedo al castigo, sino porque ha interiorizado que eso que ha ocurrido no está bien. Y si además hay que castigarlo más duramente porque persiste su actitud, procedamos, pero es más provechoso para una sociedad prevenir, y si ya se llega tarde reeducar, que solamente penalizar. En nuestras manos está que un menor inconsciente no acabe siendo un adulto delincuente.

Imagen: Morgaine