Se abre el telón...

Por Pilar, el 16/09/2016

Se abre el telón...

Pensando en el origen del teatro he deducido que, como tantas cosas en la historia de la humanidad, nació de forma casual. Lo primero que me ha venido a la mente es grupo de hombres y mujeres primitivos, con medios rudimentarios de comunicación, alrededor de una hoguera al finalizar el día. Tal vez en esa jornada, en el momento de la caza, ha habido algo divertido o extraordinario, y sin planificar nada se ponen a escenificar cómo ha sucedido a los demás miembros de la tribu. Tal vez en otra ocasión lo hagan con una caída, o imiten la manera de actuar de otro ser humano o animal... y de ahí a inventar un guión sin dejar un lugar a la improvisación pasarán unos siglos. Ni siquiera sospechan que más adelante, una civilización prolífica y amante de la cultura, la griega, desarrollaría esa habilidad surgida al amparo de la noche y la convertiría en una de las artes más importantes del mundo, el teatro, el lugar para contemplar, lo real y lo inventado, lo cómico y lo trágico.

Pienso en la cantidad de emociones que habrán vivido los espectadores viendo como otros contaban historias serias, comedias, cómo en algún momento bajo la ironía de algunas tramas se hacía una crítica a alguien importante que incluso estaba en ese momento mirando, los conocimientos que ha llegado a transmitir, las cosas en las que ha hecho pensar. Veo las horas de  ensayo, la evolución de las técnicas de iluminación, de impostar la voz, la introducción de instrumentos, de música... sencillamente prodigioso. 

Y los actores, con su capacidad de catarsis y por qué no, tal vez la necesidad de ella, y en la posibilidad de interpretar mil personajes, todos ellos diferentes y de hacer que el público los viva de manera intensa y se meta en la obra. En las horas de ensayo, en la fama para unos, y en la vida tan dura para otros de esos primeros comediantes, aquellos que hicieron de esta afición  su profesión y su modo de vida. En los que son actores, de profesión o solo de vocación, porque no se lo pueden sacar del corazón de ninguna manera.

Y me da por pensar que tal vez su mejor recompensa sea, como en aquellos primeros actores inesperados, ver las emociones que transmiten las caras de sus espectadores. Esas que por muchos más medios que tengan, no pueden ver quienes protagonizan una película, cargada de retoques, de efectos especiales, de avances de la tecnología. No creo que aquellos hombres y mujeres pensaran nunca en la que iban a liar haciendo chanzas alrededor de una hoguera...