¿Qué es el grooming?

Por Pilar, el 16/01/2020

¿Qué es el grooming?

El grooming es la estrategia que sigue un adulto a través de Internet para acercarse a un menor, ganar su confianza con el fin de abusar de él. El plan para conseguirlo incluye crear un vínculo de confianza con el menor, aislarlo de su entorno familiar y de amistades, asegurarse de que la relación se mantiene en secreto, y la existencia de un objetivo de abuso sexual al menor. Todo lo que haga el pederasta está encaminado a ese fin.

El groomer tiene varios perfiles para acercarse a sus diferentes víctimas. Se hará pasar por un niño o niña de la misma edad de la víctima, le hablará de problemas y dificultades comunes, en casa, en la escuela, hasta conseguir que haga lo que pretende. Desde conseguir una foto o video con contenido sexual, a inducir a la prostitución o el abuso sexual en persona. Tiene la suficiente experiencia como para saber en qué momento y de qué manera acercarse a la víctima.

¿Cómo atraen la atención de las víctimas?

Muchas veces ofreciendo pequeños regalos, del gusto de los menores, que si requieren envío le permite, además, obtener la dirección del menor, un elemento más a su favor para extorsionar luego a la víctima. Una vez que ha tejido una telaraña a su alrededor, el menor no tiene escapatoria. El abusador crea una relación cocinada a fuego muy lento, en la que la víctima no es consciente de lo que está ocurriendo. Aprovechándose de su superioridad comenzará a conseguir primero fotos íntimas del menor y a partir de ahí irá subiendo el nivel de sus exigencias. 

Cuando el menor es consciente de lo que ocurre, aparece el desconcierto, la vergüenza, la sensación de no saber cómo parar lo que le pasa, de no saber a quién acudir. El groomer le ha incitado a aislarse, al secreto, es posible que le haya amenazado, sabe dónde vive y todos esos datos los ha dado el propio menor, lo que acrecienta su sentimiento de culpa. Si consigue tener la valentía de dar el paso y contarlo a los padres o a quien sea, es fundamental actuar con rapidez y acudir a denunciar. 

¿Cómo saber si un menor sufre Grooming?

Lo mejor es prevenir educando a los jóvenes en un uso responsable de Internet, instalar control parental y siempre que sea posible que el uso del dispositivo se haga delante de los padres. Esto siempre ayuda, pero por desgracia no es suficiente, porque un groomer se las sabe todas y puede aparecer por cualquier sitio. Una buena manera de saber si todo va bien es interesarse por las amistades del menor, para comprobar que concuerda lo que saben los padres con lo que cuenta su hijo.

Hay que estar atento a las señales que ofrecen los menores. Si hay cambios en su comportamiento, si insisten en utilizar el dispositivo en la intimidad o si aparecen en casa objetos que no han comprado los adultos, puede estar pasando algo turbio. 

Si hay alguna sospecha de que el menor es víctima de grooming hay que actuar enseguida, por el bien de él mismo y las otras potenciales víctimas y acudir rápidamente a la Policía o Guardia Civil. Es fundamental ser rápidos, para que la pista del groomer no desaparezca y ofrecer todos los datos disponibles sin levantar sospechas. El menor tiene que colaborar tanto como sea posible, y para eso hay que ofrecerle seguridad y cariño, porque el único culpable de lo que ha ocurrido es el adulto que se ha aprovechado con engaños de él.

Un informe de Violencia Viral de Save the Children realizada a 400 jóvenes de entre 18 y 20 años confirmó que uno de cada cinco había sufrido este tipo de acoso al menos una vez y un 15% varias y que la primera vez que les ocurrió fue a los 15 años.  Si tenemos en cuenta el acceso cada vez más temprano de los niños a Internet con su propio teléfono, las posibilidades de que  esto ocurra cada vez antes se multiplican. El grooming se une al sexting, al acoso y ciberacoso en el apartado de los peligros a los que los jóvenes de enfrentan en Internet.

Los pederastas antes ofrecían caramelos a los niños en las puertas de los colegios, hoy se infiltran en sus redes sociales. El medio es distinto, pero el fin el mismo, abusar de ellos. Al que se ponía en la puerta se le podía controlar porque se le había visto la cara, al que surje a través de las redes es mucho más difícil encontrarlo y neutralizarlo. Y pueden destrozar la vida de la víctima.