La mediocridad como forma de vida

Por Pilar, el 18/11/2020

La mediocridad como forma de vida

Ser mediocre supone vivir en una agradable zona de confort. Más aún si uno no tiene inquietudes de ningún tipo y si la sociedad, además, se encarga de fomentar esa actitud. 

Si uno es mediocre vocacional no hará más que lo justo y necesario. Con un cierto entrenamiento será capaz de asumirlo con naturalidad y sin conflictos. Cada uno es como es, y partiendo de esa base, si uno no da para más, nadie puede echarle nada en cara. Por supuesto no se puede objetar nada, aunque resulte deprimente la falta de esfuerzo, el interés, no tener sangre en las venas.

Luego está el mediocre obligado. Aquel que sabe que puede ir más allá, pero que prefiere no dar problemas, porque no le compensa ese paso adelante si lo compara con las complicaciones que le provocará.

La mediocridad resulta destructiva como sociedad, cuando es esta misma la que decide aniquilar las inquietudes, la que la ensalza. Es una manera de tener calmada a la población. En el momento en el que alguien hace algo destacable, se le acalla y se le reconduce de nuevo a la zona entre algodones. No vaya a ser que cunda el ejemplo y la armonía desaparezca. 

Ser mediocre es castrador para uno mismo y para los demás. Es una manera de vivir que afecta también a los otros, porque el mediocre necesita justificarse, no puede permitir que se le deje en evidencia, que la culpa de su inacción no sea de las circunstancias, porque delante tiene el ejemplo de que otros, en igualdad de condiciones, han hecho las cosas de forma diferente. No puede consentir que nada ni nadie le remueva la conciencia, o el espíritu, y que eso les obligue a salir de su narcotizante confort. 

No es cuestión de estar continuamente desafiándose. O sí. Pero en todo caso depende de cada cual. Desde luego, no hay nada más triste que apagar las inquietudes de una persona, de uno mismo o de los demás, para que reine la homogeneidad. Que cada uno haga lo que quiera y si quiere vivir su vida como una maceta, que lo haga. Pero que deje a los demás que vivan la suya, y si desean hacerlo bordeando los límites que ellos no quieren traspasar, que se les deje en paz.

Imagen: Nicolas Gras