Revisando la cibercrastinación

Por JoseV, el 15/06/2015

Revisando la cibercrastinación

Si eramos pocos parió la abuela, dice el dicho. Si eramos capaces de malgastar nuestro tiempo, cibercrastinar, con Internet y sus mil aplicaciones, la consola, el televisor o tantas otras cosas, en los últimos tres años han llegado nuevas herramientas que nos facilitan aún más la tarea de hacer cualquier cosa menos lo que tenemos que hacer, utilizando como vehículo preferente el móvil. ¿Te suenan Facebook o Whatsapp? Bienvenido a la nueva temporada del circo de la cibercrastinación.

Cuando empecé a darle vueltas a las dificultades que tenían muchos miembros de equipos que dirigía en la realización de tareas o el cumplimiento de plazos, traté de averiguar las causas. Una buena parte de los profesionales con los que he trabajado durante estos veinte años, dedicado a realizar proyectos en Internet, lo hacían de forma remota. En aquel momento no era consciente, de ninguna forma, del lugar que la cibercrastinación ocuparía en nuestras vidas. Comencé a dar forma a un procedimiento de trabajo que sirviera fundamentalmente de control, y luego le siguieron varios más, que no tuvieron demasiado éxito, porque el problema era mucho más profundo.

Se trataba de trabajar con los hábitos y como podíamos modificarlos. Así que escogí un conejillo de indias, yo, y me puse a la tarea. Tampoco es que descubriera la pólvora, pero sí di con algunas pistas, anoté algunas pautas y empecé a definir los síntomas concretos, los problemas a los que se enfrentaba el cibercrastinador, comenzando a construir el concepto. Tuve la enorme suerte de encontrarme en una encrucijada vital y profesional que me llevó a darme de bruces con el hecho de la cibercrastinación, que fue tomando forma en mi mente a lo largo de más de una década, pero del que todos, en alguna medida, estoy seguro de que somos conscientes. El encuentro con mi amiga Tamara Gilarranz, psicóloga y codirectora de Happymente, fue lo que nos llevó a seguir encajando las piezas de un proyecto, que sabemos tendrá un gran repercusión en los años venideros. Por la simple razón de que es una realidad, está ahí, y nos ocupará cada vez más tiempo.

La incorporación másiva de Internet es un hecho, se anuncia que hemos alcanzado los 3.000 millones de usuarios a mediados de 2014, y seguirá creciendo. La mayor parte de los habitantes de este planeta estará conectado a Internet en los próximos años. Y cuando digo la mayoría, me refiero al 80% o más, incluído el proverbial cabrero keniata, que pongo como ejemplo siempre que sale este tema a relucir. Pero mira por donde algunos tienen un plan diferente, sospecho. Dicen que pretenden llevar Internet a todo el mundo, aunque creo que su idea es que todo el mundo permanezca la mayor parte del tiempo usando una herramienta concreta, por ejemplo Facebook o Whatsapp. Y el motivo no es vender más publicidad, que también, las razones principales de asociar a Facebook a la mayor parte de la humanidad son la información que se gestiona y el control ejercido sobre miles de millones de personas.

Facebook y Whatsapp son las dos herramientas principales del cibercrastinador actual, que se retroalimentan entre ellas, y no lo eran hace dos o tres años. Realmente cualquier programa de mensajería sirve en lugar del Whatsapp, Line o Telegram podrían ser dos buenas alternativas, el propio Messenger del Facebook está bien. Son productos fantásticos que tienen una gran utilidad para mantenernos en contacto de las personas que queremos, con nuestros amigos, por motivos de trabajo o estudios. Y con el Facebook podemos estar al día de aquellas cosas que nos interesan a nosotros y a las personas con las que compartimos intereses. Fantástico ¿no? Pues creo que tienen algunas sombras, además de las luces que todos conocemos.

¿Te has fijado en esas personas que van andando por la calle tecleando en su móvil? ¿Te has encontrado con alguien tras un mostrador que en lugar de atenderte está liado con su teléfono? ¿Y él que baja a la calle para fumarse un cigarrillo, cuando antes no lo hacía, para intercambiar algo por su teléfono? ¿Cuánto tiempo le dedicas en la escuela, en tu trabajo a tu móvil, al Facebook, al Twitter...? ¿Es por motivos profesionales? ¿En serio? Yo soy un cibercrastinador de tomo y lomo, he de admitirlo, siempre lo he sido y seguiré siéndolo. No siempre soy un early adopter de todas las tecnologías, es más algunas procuro no incorporarlas en el día a día, para evitar la dependencia de otra más. Las abrazo todas con intensidad, como el converso, y no me importa reconocerlo. La diferencia fundamental es que soy consciente de ello y no me monto ninguna película, aunque sí es cierto que en mi caso existe una componente investigadora, la curiosad profesional. Tengo claro que si dedico menos tiempo a estas herramientas o lo hago en ciertos momentos o para ciertos temas, seré más productivo. Lo compenso con más horas y más días de trabajo, pero no me siento orgulloso de no tener un mayor control de mi tiempo, aunque tampoco me preocupa en exceso, porque sigo avanzando, así que va bastante bien. ¿Es igual en tu caso? Fantástico. ¿Eres de lo tengo controlado y te pasas día y noche pegado al móvil? Deberías considerar lo que ocurre. ¿No utilizas el móvil ni en defensa propia o eres alérgico a las tecnologías? Ni una cosa, ni la otra, son fantásticas herramientas. Dales una oportunidad.

Por lo tanto podríamos concluir que esto de la cibercrastinación no parece que vaya a ir a menos. Es más que probable que se incorporen nuevas utilidades, dispositivos que nos lleven a estar más tiempo conectados a una pantalla. Da igual que sea nuestro móvil, unas gafas o algún tipo de conexión cerebral, llegará un momento que estemos conectados permanentemente, así qué lo que hagamos con nuestro tiempo dependerá única y exclusivamente de cada uno de nosotros. Es un buen momento para prestarle atención cuánto y cómo invierten nuestros hijos su tiempo online. O nuestros colegas, subordinados o empleados, porque es más que probable que tengamos que dedicarles alguna atención. Sea como sea, ten presente siempre que puedes lograr lo que quieras. Así que manos a la obra porque... ¡Sí puedes!

Foto: alexisnyal