Coherencia, sentido crítico y felicidad

Por JoseV, el 10/09/2015

Coherencia, sentido crítico y felicidad

Cualquier persona no se siente bien cuando descubre que ha vivido engañada. Cuanto mayor sea el tiempo y el engaño más afecta. ¿Cómo ocurre? ¿Por qué somos tan permeables a aquellas cosas que encajan con nuestra forma de pensar? ¿Por qué nos cerramos a nuevas ideas? ¿Por qué no nos cuestionamos TODO por principio? Pues esto ocurre porque necesitamos vernos a nosotros mismos como individuos coherentes, fundamentalmente, dicen los expertos. Y construimos esa coherencia a partir de la información que tenemos, a menudo insuficiente o contradictoria, aún sabiendo que nuestras razones tampoco justifican lo que defendemos o que pueden ser fácilmente cuestionadas. Preferimos luchar hasta la muerte por un planteamiento falso, que reconocer que somos nosotros los que estamos equivocados. Por tanto esa sería la premisa fundamental, a la hora de defender nuestra postura: no es importante la certeza o incluso la verdad, lo que nos preocupa es mostrarnos coherentes a nosotros mismos. Porque es más fácil justificarnos lo que somos o pensamos, que crear nuevos modelos mentales continuamente.

La madurez y el conocimiento nos sitúan ante lo poco que sabemos, por tanto, si se pretende crecer, llega un momento que no queda más remedio que aceptar que es más razonable cuestionarse siempre lo que uno conoce -aunque solo sea por que obviamente debe ser insuficiente-, y abrir la puerta al resto del conocimiento. Así para los que están en posición de seguir aprendiendo lo coherente no es como se ven a sí mismos y sí la lógica, los datos, las pruebas, en resumen la coherencia de los argumentos. Cuando el espíritu crítico y el sentido común se dan la mano es más fácil cuestionarse temas en los que la información disponible no es suficiente. Veamos algunos ejemplos concretos que parten de planteamientos curiosamente exagerados, pero que suelen ser aceptados como ciertos.

Si hablamos del conocimiento y los individuos, nada mejor que deternes en ese pretendido axioma que viene a decir que el ser humano solo utiliza un 10% del cerebro. No es necesario saber nada de biología, neurología o lo que sea para entender que esto tiene pocas probabilidades de ser cierto, la evolución no hace nada porque sí. Seguro que los seres vivos no iban a crear a través de un complejísimo proceso ocurrido a lo largo de cientos de millones de años un 90% de cerebro inútil. No tiene sentido. Utilizamos el 100% con mayor o menor habilidad, pero puedes estar seguro de que usas todo tu cerebro.

Otro de esos memes que tango gusta extender dice que existen fuentes de energía ilimitadas y casi gratuitas. Hay una gigantes conjura que hace que grandes empresas y poderosos roben y maten para ocultar avances que pondrían la energía gratuita al alcance de todos. Existen numerosísimas razones por las que, aunque fuera gratis, acabaría teniendo algún coste, probablemente significativo, pero tampoco hace falta saber mucho de física o química para darse cuenta de que incluso el argumento básico no es sostenible. Se dice que se puede sacar energía del agua, así sin más. En otros casos se puntualiza que sería el hidrógeno extraído del agua la solución a todos nuestros males. Como si conseguir hidrógeno no consumiese energía, como si transportarlo o distribuirlo no requiriese también de sistemas que tienen un coste, que contaminan en su uso y construcción. Pero demos un paso más, imaginemos que fuese así que existieran fuentes de energía casi gratuitas accesibles a todos. Entonces el planeta, la humanidad por tanto, tendría al menos un serio problema que solucionar: el consumo de energía genera como mínimo calor. Cantidades ingentes de energía consumida elevarían con toda probabilidad la temperatura de nuestro planeta, de hecho, aunque por otras causas, ya está ocurriendo. Esta energía se utilizaría en producir bienes de consumo, que a su vez generarían más contaminación. Sin contar con que esa fuente de energía milagrosa también produciría, inevitablemente, otros elementos contaminantes.

Los gobiernos pueden y deben resolver todos nuestros males. El único gobierno que podría resolver todas las necesidades de cualquier colectivo humano, sería aquel que estuviese formado por un grupo de seres excepcionales. Dirigentes así solo podrían proceder de esa sociedad, a su vez, excepcional. Por tanto cuanto más bajo sea el nivel de un grupo humano, sus valores, su moralidad, su deseo de ayudar a los que les rodean y avanzar todos juntos, más lo serán sus gobernantes. Así vemos que la calidad de los sistemas democráticos está relacionada con la matería prima básica: los ciudadanos. No puede ser de otra forma, no hay atajos, nada en la vida se resuelva a base de gritos, testosterona, guillotinas... Las ganas son necesarias, pero lo único que cambia las cosas para uno mismo y para los demás es el trabajo y el esfuerzo continuo. ¿Quieres que tu sociedad cambie? Sitúate ante el espejo y empieza con ese que te mira. Esa es la persona que tiene más posibilidades de empezar a resolver las cosas para el mismo y quienes le rodean.

Podría poner multitud de ejemplos de como nuestro comportamiento y nuestras expectativas a menudo tienen poco que ver con la lógica, la coherencia o el más elemental sentido común. Pero creo que es suficiente para cualquier persona que quiera iniciar un proceso de crecimiento, que aspiere al cambio permanente, tener claro que esa coherencia si se aplica exclusivamente para justificar lo que somos o sabemos, no sirve. Cuestionarse todo es la mejor forma de que no nos vendan ideas descabelladas. Entrenar tu cerebro para ver las patrañas que hay detrás de los mensajes que llegan no importa cual sea el medio: de la política, de la TV o la prensa, de la propia Internet y las redes sociales... El cambio es el motor de la vida y la felicidad.

 

Imagen: Bőr Benedek