Chemsex: del sexo y las drogas

Por Marcela, el 17/03/2016

Chemsex: del sexo y las drogas

Chemsex, como se conoce en Reino Unido, nace de “chemical sex”, es decir, “sexo químico”. Se trata de un fenómeno social que se ha popularizado en los últimos años y que el British Medical Journal, en una de sus editoriales definió como “el sexo intencional bajo la influencia de drogas psicoactivas, sobre todo entre hombres que tienen relaciones con hombres”.

Chemsex se refiere a un tipo de fiestas que se extienden durante mucho tiempo gracias al consumo de estupefacientes. Específicamente mefedrona, GHB  (hidroxibutirato), GBL (butirolactona)  y metanfetamina de cristal, las cuales “facilitan una excitación sostenida e inducen una sensación de entendimiento inmediato con las parejas sexuales.”

Según el artículo publicado en el British Medical Journal, “Los datos de los usuarios de estos servicios sugieren que la media es de cinco parejas por sesión y que el sexo sin protección es la norma”. En el peor de los escenarios, esto puede desatar una ola de contagios de enfermedades de transmisión sexual como el SIDA y la hepatitis C. La mezcla de drogas permite sesiones sexuales que se prolongan por horas o días con múltiples parejas, ya que actúan como potentes desinhibidores y estimuladores sexuales.

La mefedrona y el cristal incrementan el ritmo cardiaco y producen una sensación de euforia y agitación sexual. El GHB y GBL son un potente desinhibidor y analgésico. “Algunos usuarios señalan que los utilizan para manejar los sentimientos negativos, como la falta de confianza o de autoestima, la homofobia internalizada y el estigma por tener SIDA”. Generalmente, los casos más extremos del Chemsex se dan cuando un individuo recurre al slam o slaming, una práctica que sugiere inyectarse mefedrona en lugar de esnifarla o consumirla por vía oral. Estos usuarios se conocen como slimmers.

Los efectos secundarios pueden ser devastadores ya que el consumo de mefedrona y metanfetamina de cristal pueden generar dependencia psicológica.

Pero el chemsex no solo se presenta en Reino Unido, España también ha constatado casos en Barcelona y en Madrid, en el Gayxample y en Chueca. Esta conducta sexual que tiene como objetivo tener sexo placentero y duradero, se convoca generalmente por medio de aplicaciones móviles como Grinder, dirigida a la comunidad gay masculina con más de siete millones de usuarios.

Las alarmas de salud pública se han activado pese a que se ha identificado que son minorías quienes practican el chemsex. Las consecuencias en el largo plazo pueden representar un grave problema de salubridad  tanto por el incremento de infecciones por enfermedades de transmisión sexual, como por el elevado consumo de estupefacientes que se pueden conseguir por internet a 100 euros, tales como la mefedrona.

El año pasado, Vice estrenó su documental llamado Chemsex, dirigido por Will Fairman y Max Gogarty y que “explora las vidas y hazañas de un grupo de hombres que toman parte activa en el estilo de vida del 'chemsex' y de aquellos que han sobrevivido a ello”.

 

 

Imagen: "Chemsex"