La media europea no mola en el siglo XXI

Por Jose, el 03/08/2016

La media europea no mola en el siglo XXI

Europa ha vivido siglos de inmensa riqueza creativa y cultural. Una riqueza que se ha plasmado en lo económico, no en vano buena parte de la moda, de las tendencias en diferentes artes se han dado en este continente. Se ha creado una sociedad del bienestar envidiada en todo el orbe. Un lugar donde los individuos son felices, tienen cubiertas mucho más que sus necesidades básicas y han dejado una magnífica herencia a sus hijos. Pero esto puede terminarse: Europa se ha acomodado, progresivamente dejamos de ser los abanderados en muchas áreas del conocimiento, la cultura o la economía, ya hace un par de décadas que los europeos viven de las rentas. Y como cualquier rentista sabe, lo que se ingresa cada año debe, no solo mantener tu ritmo de vida, además es necesario que aumente el capital. Esto lo hacen algunos países vecinos, pero no Europa en general, con importantes excepciones como Francia. No debe sorprendernos que Reino Unido quiera abandonar un club tan inmovilista. Una gigantesca burocracia, que hace magníficamente unas cuantas cosas, la principal gastar el dinero de sus ciudadanos, en mantener los privilegios de diferentes colectivos anclados en el siglo XIX.

Si como individuos y sociedad queremos tener alguna posibilidad, tenemos que dejar de mirarnos en lo que se hace en Europa. Y aunque pienso principalmente en España, es aplicable a cualquiera, hay que dejar de hacerlo porque los países más avanzados no se miran en ese espejo, solo los que van por detrás, los mediocres, utilizan la referencia de la media europea.

En el periodo 2000 a 2015 países no europeos como Australia y Canadá, con los que podríamos compararnos por su peso en el mundo y algunas similitudes económicas, crecieron significativamente más que nosotros. Australia ha pasado de tener un PIB de 449.000 millones a 1.100.000, un 144% de crecimiento, Canadá de 800.000 a 1.400.000, el 75%. En España de 646.000 a 1.080.000, el crecimiento fue de un 67%. La renta per cápita de los canadienses pasó de 26.000 a 39.000 euros, la de los australianos de 23.000 a 46.000 y la de los españoles de 16.000 a 23.000. Y he tomado los datos de 2000 para que sea una cifra redonda, porque solo un año antes los PIB de España y Canadá eran similares y el australiano notablemente más bajo que el español.

Evidentemente pertenecer al club europeo ha tenido algunas ventajas para España, pero ha llegado el momento de seguir otros ejemplos si queremos tener posibilidades de éxito. España no puede, ni debe, ir a remolque de Europa. Podemos formar parte del club, sería estúpido no hacerlo, debemos ser solidarios, pero hay que hacer las cosas de forma diferente, no pueden ser nuestra referencia. Al menos no como tal y como son ahora. La jugada de los ingleses y catalanes es inteligente en el largo plazo, dadas sus características, tienen más que ganar incluso fuera de Europa que dentro.

La socialdemocracia es un modelo caduco, no por motivos políticos, no me entiendas mal, es más una cuestión práctica, de ser realista, es algo de índole social, o si lo prefieres de valores. Tiene más que ver con la actitud con la que enfrentamos la vida, cómo vemos el futuro, ¿queremos que nuestros hijos también sean felices, que tengan las mismas posibilidades que disfrutamos nosotros? No pongo en duda la solidaridad, lo que me cuestiono completamente es un modelo de estado que tiene que gestionar el 50% de la riqueza que producen sus sociedades. No es razonable, no tiene sentido y no es eficiente. La solidaridad de los australianos o canadienses, su modelo de sociedad no se diferencia notablemente del nuestro. Hasta el progresista Canadá dedica un 40% al gasto público, Australia un 37, frente al 43 de España y creciendo.

Pueden parecer diferencias poco significativas, pero 60.000 millones, que son 6 puntos del PIB, es una cantidad enorme de dinero generando riqueza. Y es que esa es la diferencia principal: su capacidad de generar riqueza es muy superior a la nuestra. Si las grandes empresas nacen y mueren, si los grandes conglomerados son superados por sus competidores día sí, día no, es de sentido común plantearse que la gigantesca organización que representa un estado no va a hacerlo mejor, gestionar recursos, que organizaciones más pequeñas y más ágiles o que los propios ciudadanos.

No es una cuestión de siglas o etiquetas, me da igual cómo se denomine este sistema, lo que quiero es que sea más eficiente, que no comulguemos con ruedas de molino y apostemos por aquello que se demuestre que funciona mejor. No asumamos que las cosas tienen que ser como han sido siempre y por supuesto, no nos la juguemos con sistemas que aún quieren más dinero y no han demostrado en ningún lugar que sepan como gestionarlo. No dejemos pasar demasiadas oportunidades porque los demás países no están en lo de mirarse tanto el ombligo, aunque haya excepciones como nuestros amigos franceses.