Consumo desmedido

Por Pilar, el 23/12/2016

Consumo desmedido

Cuando llegan las fechas navideñas las personas padecemos dos tipos de ataques: el de ser necesaria y obligatoriamente felices porque lo manda el calendario, y el de enloquecer consumiendo. El ambiente nos induce a tener un buen rollo casi forzado que nos dura lo que las fiestas, y que luego desaparece por el mismo lugar por el que ha venido. Son días de desear paz y amor, con más cortesía que verdadera intención, de contención en nuestro caracter por las fechas que son. ¿Es grave? yo diría que es hipócrita siempre que no se haga de corazón, que también ocurre, pero es inocuo, no deja rastro y al menos durante unos días hemos sacado lo mejor de nosotros mismos. 

El otro, el del consumismo exagerado nos suele dejar con unos kilos de más, bastantes euros de menos en el bolsillo y con la sensación de habernos dejado llevar, otra vez, por una vorágine a la que no hemos podido resistirnos, y con la sensación de no controlar nuestra voluntad. Y nos hacemos el firme propósito de no volver a hacer lo mismo el año que viene, son ya unos cuantos, pero llegado el momento nos da la sensación de que hay que comer, beber y gastar más y mejor que durante el resto del año. Como si fuéramos a ser por eso más felices, y así las tradiciones se convierten en obligaciones que nos tiranizan. Todo son agobios para comer y beber en exceso, gastar en regalos y en celebraciones y organizar eventos con personas con las que podríamos quedar en cualquier momento del año.

Cada uno celebra las fiestas a su manera, estas y las que sean, pero cuando la parafernalia que rodea a un acontecimiento acaba teniendo más protagonismo que el propio hecho que se festeja, es posible que estemos entrando en una espiral de consumo desmedido, en la que solo importa lo que se gasta, mientras lo que se celebra queda en un segundo plano.