Empatiza, sin abusar 

Por Pilar, el 18/10/2017

Empatiza, sin abusar 

Es una de las cosas más difíciles de conseguir, empatizar con los sentimientos de los demás. Es importante conocer el punto de vista de otros, saber ponerse en su piel. Cierto, para Henry Ford o Dale Carnegie era la clave del éxito. Una persona empática será mejor amiga, mejor empleado o jefe, un líder influyente, que será capaz de comprender y facilitar el desempeño personal y laboral de los que están a su cargo. Pero también es cierto que un exceso de empatía puede revertir negativamente en la persona que la practica e incluso trastocar su sistema de valores. 


Produce agotamiento mental

Un exceso de empatía produce agotamiento mental sobre todo cuando es el principal componente del trabajo, por ejemplo para los que trabajan en servicios sociales y sanitarios, en los que se priorizan las necesidades de los demás frente a las propias. Acaba produciendo fatiga mental y acabar con la capacidad empatizadora de quien la padece.


No es infinita

Además de agotar mentalmente, se agota a sí misma. Si se dedica mucha empatía a una persona o causa, queda mucha menos para todas las demás. Y se tiende a tenerla con más facilidad hacia personas cercanas que por otras más lejanas, con lo que se reducen las ganas de conectar con personas que se salen de nuestro ámbito, los de otras empresas, otros departamentos, otros cursos.


Puede cambiar la ética propia

La lealtad excesiva hacia las personas más cercanas, el esfuerzo por ver el mundo como ellos, hace que acabemos adoptando sus intereses como propios. Esta actitud nos lleva a disculparles casi cualquier cosa y en ocasiones incluso a obrar en contra de nuestros principios por ayudarles, encubriendo en ocasiones conductas inadecuadas. Así la empatía hacia algunas personas o causas puede llevarnos a ser injustas con otras.