De ofendidos y ofensores

Por Pilar, el 14/03/2019

De ofendidos y ofensores

Dice un refrán español que no ofende quien quiere sino quien puede. Pensando en ello calculo que si no quiero, eso que dice o hace alguien me afectará solo si quiero. Si no quiero de verdad o si finjo, para que el otro no se piense que me ha molestado. 

Pero, en mi modesta opinión, creo que no hace falta mentir. Todos tenemos líneas rojas. Ante burlas o chistes crueles todos nos hemos reido, me juego una mano. Hasta que uno, por el motivo que sea, nos recuerda a una situación cercana, toca un tema tabú o sencillamente tenemos un mal día, nos hace explotar y se acabó toda la permisividad que teníamos hace un minuto.

Se defiende la libertad de expresión. Lógico, todos tenemos derecho a pensar y opinar libremente. Todos. Personalmente no voy por el mundo pensando que alguien quiera ofenderme, a mí especialmente. Tengo un gran sentido del humor, pero podría pasar. Y si pasa y me molesta, pues oye, también tengo derecho, igual que esa persona a su libertad de expresión, a sentirme ofendida. Por todo, por nada, por mucho que lo entiendan o que no. 

Creo que es muy difícil delimitar cuando acaba la libertad de expresión y se convierte en otra cosa. Pero ante la avalancha de criticas que se produce por la reacción ofendida de aquellos que no comprenden o no admiten determinadas burlas, situaciones o chistes crueles, frente a su calificación de fascistas, trasnochados o poco inteligentes, creo que es justo reivindicar también su derecho a la ofensa. No porque haya o no motivos, que para unos los habrá y para otros no, sino porque sí, porque también es su derecho, a no estar de acuerdo, a sentirse molesto y a expresarlo con la misma naturalidad que antes, otro, hizo. Son dos caras de la misma moneda, ofendidos y ofensores.