Desigualdad digital

Hay dos mundos: el que tiene posibilidad de acceder a Internet y el que no lo tiene. Hay mucha gente, incluso en el primer mundo, que no puede hacerlo, algo que aumenta la brecha con los que disponen de conexión y todo lo que eso supone: tener el mundo a su alcance.

Desigualdad digital

Aproximadamente la mitad de los habitantes del planeta tienen acceso a Internet. Más de 3.750 millones de personas, aproximadamente un 80% en Europa. Con un aumento en la cantidad de personas que lo hacen desde un dispositivo móvil. El uso de Internet es casi obligatorio, habitual y diario en el desarollo de nuestra vida. Ha cambiado todo, nuestra manera de vivir, nuestra forma de relacionarnos, de buscar información, de estudiar y una muy importante, el acceso al trabajo. Se puede acceder a una solicitud de empleo a través de una app, envíar currículums, recibir las respuestas e incluso se pueden hacer entrevistas a través de Skype.

Según un estudio de Cruz Roja, el 61% de las personas que atienden reconocen que no acceden nunca a Internet. Eso significa que se pierden todas las oportunidades que sí llegan al resto de la población que tiene un acceso habitual. Se trata, según los datos del informe, de personas con pocos recursos y en general de un bajo nivel educativo, en riesgo de exclusión social. Su situación económica les impide acceder a la tecnología y eso limita sus oportunidades.

Los niños que viven en esos hogares, que no tienen la tecnología adecuada tienen una desventaja educativa con respecto a los que sí la disfrutan. Eso, salvo que se produzca algún cambio muy radical supone que seguirán siendo pobres. Es como una pescadilla que se muerde la cola: esa desigualdad digital viene producida por una mala situación económica, que acaba siendo su causa. Si se carecen de habilidades digitales es imposible el acceso y aprovechamiento de las nuevas tecnologías. Así los niños van quedando fuera del sistema, que avanza a pasos agigantados, mientras ellos permanecen fuera de su ámbito, lo que aumenta aún más la brecha. A las personas a las que les va bien, aún les va mejor con el uso de las tecnologías. A los que les va mal, sin ella les va, les irá, aún peor.

Imagen: frankieleon

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