Estamos sobreexpuestos a la información. Pasamos muchas horas al día comunicados con el mundo y lo que sucede a través de los medios, y eso nos permite estar a la última de los acontecimientos. Eso que podría ser una ventaja, produce paradojicamente el efecto desinformación, ya que muchas veces la información que nos llega no es verdadera, en su totalidad o parcialmente.
Curioso que la época en que mayores facilidades tenemos para contrastar una noticia, sea en cambio el momento en que segurmente menos se hace. Cuando leemos y contamos una noticia confiamos en que será cierta, no dudamos de los datos. Y manipular una información y darle visos de veracidad es fácil. En ocasiones alguno se fabrica como forma de campañas de marketing con idea de dar publicidad a un producto o servicio. Lo cierto es que se hacen virales, y tal vez eso mismo nos haga pensar que si tantas personas lo comparten no pueden estar equivocadas.
Cuando recibimos una noticia normalmente no la corroboramos y la compartimos sin más en redes sociales. En ocasiones luego se desmiente y también compartimos, y al lo largo de las horas puede suceder que haya varias versiones del tema. Eso quiere decir que seguramente ni leemos en profundidad lo que dicen, o no lo entendemos, o no comprobamos los datos: que las fechas estén actualizadas, que las fotografías correspondan realmente a lo que dicen, que las personas que intervienen realmente hayan podido interactuar o conocerse, etc.
Y por qué ocurre así? Algunos sociólogos afirman que es más fácil creer algo que no creerlo, y si en nuestro círculo una opinión se tiene por verídica no se suele cuestionar, y ya sabemos la tendencia humana a asimilarse a lo que es socialmente aceptable en su entorno. Por mucho que algo caiga por su propio peso, si es algo que resulta políticamente incorrecto, va a ser difícil que se exprese con naturalidad o rebata por miedo a la opinión de los otros.
Y se da la curiosa situación de que, una vez aclarado, tendemos a creer más el bulo que la noticia buena, o dudamos de que el propio desmentido no sea nuevamente una mentira. Y si una noticia se escucha de una manera machacona la gente acabará por creerla, aunque sea falsa. Da igual del tema que se trate. Es muy sencillo que circule un bulo. Y no hay que olvidar el daño que puede llegar a producir en ocasiones. Si afectan al honor, a la seguridad o salud, tenemos un problema grave, porque va a llegar rapidamente a muchas personas, que en ocasiones no tienen los conocimientos para rebatirlo, o van a tener tanta necesidad de soluciones que darán cualquier cosa por buena.
Intentemos aplicar aquello que proponía Sócrates, el triple filtro: Veracidad, bondad y utilidad. Así es que piensa si antes de contar o compartir algo puedes aplicarlos. Si tu sexto sentido te hace dudar de su veracidad, por el motivo que sea, primero asegúrate, comprueba datos, y si no lo es, está claro que es una noticia que no es de utilidad para nada y ni para nadie. Pon tu granito de arena y ayuda al menos a que no siga circulando por el mundo. Si el daño es grande en cualquier ámbito, a nivel Internet las consecuencias son gravísimas.
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