Mientras escribo estas líneas, una pandemia, el Covid-19, se extiende por todo el planeta. La gran mayoría de países han optado por el confinamiento más o menos restrictivo de la su población como medida para evitar la propagación del virus, altamente contagioso. La gente debe permanecer en sus casas y salir solo a lo imprescindible. El impacto en la sociedad y la economía serán brutales.
Estas medidas han supuesto que muchas personas tengan que cambiar sus hábitos, los que puedan tendrán que teletrabajar, hay que dejar de salir a diario y sobre todo, pasar mucho más tiempo solos o con la familia, a veces en casas que no son muy grandes. Como se prohibe la vida social, el contacto humano se limita a la familia que vive en casa de forma habitual, excepto para los que viven solos o ahora mismo son un grupo de riesgo. Para ellos estos momentos serán aún un poco más duros.
Los más optimistas aseguran que esto supondrá un antes y un después, y que el lado "bueno" de esta crisis es que cambiará la percepción de las cosas. Soy una persona optimista, que tiende a mirar el lado bueno de todo lo que ocurre, pero creo que no será así. Puede que lo ocurrido ahora asome a la cabeza de los que lo hemos padecido cuando en el futuro surja una queja por algo insignificante, pero no inspirará para nada a las siguientes generaciones.
Esto, pasado el tiempo, no será más que una historieta de las que los abuelos contarán a sus nietos, una batallita de la crisis del Covid-19 en la que pasó esto o lo otro. A nivel humano, la sociedad no se volverá ni más ni menos solidaria, ni más comprensiva, ni nos volveremos mejores personas.
Y no será así, porque si fuera por contratiempos y grandes tragedias, con el recorrido que lleva la Humanidad no se tendrían que haber repetido algunos errores y la reacción ante muchas cosas tendría que ser diferente. Y no lo es. Las cosas se olvidan. Las generaciones que no han sufrido grandes problemas tienen conocimiento de lo ocurrido a sus mayores, más bien lejano, pero no pasa de ahí. Solo los que han pasado por una experiencia que ha cambiado la sociedad y su vida es consciente del peligro de que vuelva a pasar algo parecido y se reaccione de manera similar.
A nosotros, los que hemos padecido esta pandemia nos quedará el recuerdo de los días largos, insidiosos y aburridos, en los que bajábamos a comprar un solo par de veces a la semana, en los que desempolvamos de nuevo puzzles y juegos de mesa, conversaciones y manualidades. Recordaremos cómo es ver la vida desde la ventana o con suerte desde el balcón. Pensaremos que tampoco fue para tanto, viendo cómo vivían otras personas en el mundo, y con cierta nostalgía comprobaremos que efectivamente, después de aquello, nada cambió.
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