Me va fatal en la vida ¿Seguro?

Por JoseV, el 06/01/2015

Me va fatal en la vida ¿Seguro?

Hace poco escuchaba a un inmigrante que le habían ido muy bien las cosas explicar su historia y me maravillaba su arrojo y entrega. Allí mismo una señora le explicaba porque, para una persona de clase media que le van mal las cosas, era más difícil recuperarse que para él. Los dos tenían parte de razón, pero ¿cuál crees que tendrá más posibilidades de ser feliz con lo que consiga?

El inmigrante, ilegal por más señas, contaba como fue su vida en una población pequeña, del Levante español, como tenía que andar durante horas todos los días, llamando a cada puerta, a cada finca para muchos días solo conseguir lo suficiente para comer. Luego algún trabajo por salarios ridículos, después le volvían a llamar, fue ganando algo más, invertía todo lo que ganaba en regularizar su situación, mejorar su español y su formación. Se casó, montó su negocio y hoy tiene su negocio y capea con las dificultades de la crisis como cualquier otro. Pero desde una perspectiva completamente diferente.

Qué toda tu vida se vaya al carajo, de la noche a la mañana, es una de las experiencias más traumáticas que puede vivir un individuo. Si eso te ocurre un par de veces, te hace plantearte si eres imbécil, te puede llevar a la depresión o, tras el lógico traspie, ponerte las pilas y empezar de nuevo. Ese ha sido mi caso, pero sigamos con estas historias que creo pueden ayudarte a valorar en que punto estás.

Por como fue mi experiencia entendía a los dos, al inmigrante y la mujer que le respondió. Como el inmigrante tuve que partir de la nada varias veces, pero gracias a que no tuve tiempo para recrearme en lo negativo de mi experiencia, lo hice por supuesto, pero poco, conseguí ponerme en marcha de nuevo.

Ambos tenían más o menos la misma edad, pasados los 40, pero ella destacaba lo duro que era para alguien de clase media que había tenido una buena vida, como la de sus padres, de repente encontrarse con que había perdido todo, trabajo, casa, familia... y que no era capaz de encontrar ni un trabajo parecido, ni ninguno otro. Me acerqué después de la charla y le pregunté a que se dedicaba, que sabía hacer. Había hecho diferentes cosas, era una persona hábil, tenía estudios medios y trabajado en temas de diseño, comunicación y marketing. Le dije que con su nivel de estudios y experiencia podría hacer muchísimas cosas por su cuenta, si nadie le daba trabajo, empezaron las excusas. Le pregunté a que dedicaba su jornada tras decirme que le faltaba formación, que necesitaba una titulación, y me explicó como pasaba el día haciendo cosas irrelevantes que no le satisfacían demasiado y perdiendo el tiempo en Internet, pero continuaba justificando como utilizaba el tiempo. Le pregunté si era consciente de que era el vivo retrato de una cibercrastinadora, le expliqué de que iba y estuvo de acuerdo. De repente se quedó callada y me dijo tienes razón, en qué le pregunté, en todo. Pero no te he dicho nada, sí lo has hecho.... El problema soy yo, no son los demás, no lo es el mundo, se lo que tengo y de lo que soy capaz. Me pidió el teléfono y le propuse que fuera a hablar con el inmigrante. Me dió las gracias y se marchó.

Si crees que no puedes llegar más abajo, que tu vida no tiene sentido y que no puede irte peor, tengo malas noticias, si puede. Pero también puedes estar seguro de que no hay nada que no te permita darle la vuelta a la situación, ni límites a lo que puedes lograr, no importa de que punto partas. Eres capaz de conseguir cualquier cosa que te propongas, con una receta muy sencilla: ponte en marcha, da un paso. Sonríe y sigue adelante, un paso tras otro. ¿Simple? ¿Naif? ¿Estúpido...? ¿Seguro? Solo mírate en el espejo, piensa en como te ha funcionado hasta ahora tu actitud, lo que has logrado, y plánteate si quieres ser como el inmigrante o como la señora.

 

PD. Aquí tienes unos cuantos artículos, si quieres saber más sobre la cibercrastinación.

Imagen: Beverley Goodwin