Síndrome de Procusto

Por Pilar, el 26/04/2017

Síndrome de Procusto

Procusto era en la mitología griega, un hospitalario posadero, hijo de Poseidón, que trataba de forma cordial y amable a los huespedes, a los que convencía de pasar la noche en su casa. Allí había una cama de hierro a la que amordazaba a los viajeros cuando dormían. Si eran más grandes y el cuerpo sobresalía les cortaba los pies, las manos o la cabeza. Si por el contrario era más pequeños, los estiraba descoyuntándolos hasta ajustarlos al tamaño de la cama, haciendo en ambos casos que se ajustaran exactamente a su medida. Hasta que apareció Teseo, quien retó a Procusto a ver si su cuerpo encajaba con la cama, lo amordarzó y ató a ella, y le cortó los pies y la cabeza como hacía él con sus víctimas. 

Y es por esto que se denomina síndrome de Procusto, el estirador, a la tendencia que algunas personas, sociedades o empresas tienen de rechazar a los que tienen características diferentes a las propias, por miedo a ser superados o ser cuestionados por ellos. Se busca mantener una uniformidad constante, y lo que sobresale de ella es mal visto e incluso castigado.

Así, cuando alguien padece este síndrome y coincide con alguien que amenaza la propia posición, o la del grupo, lo discrimina o lo acosa, cortando su creatividad. Si no es posible evitar la relación con esa persona, lo mantiene controlado, para que no haga más que él. La actitud de los que padecen este síndrome es en general afectuosa y acogedora hacia sus víctimas, nada hace pensar el conflicto que hay en su interior. 

Este rechazo se produce generalmente hacia quienes tienen más aptitudes, pero también puede ocurrir que se dirija a los menos capacitados. Además, puede llevarse a cabo de forma tanto consciente, perjudicando claramente a la otra persona, como inconsciente, creyendo que su visión de la vida es la correcta y son los demás los que deben adaptarse.

Este tipo de actitud se suele dar en personas con un alto nivel de frustración, con una baja autoestima, o que ha padecido situaciones que les hacen dudar de su capacidad. Lo cierto es que cualquiera al que ellos perciban como superiores o con más posibilidades les produce rechazo, por la amenaza que suponen. También ocurre en personas con una gran autoestima, que creen que otros son más valorados que ellos, a pesar de los méritos propios.

Este síndrome puede producirse en diversos ámbitos de la vida. En el personal, los que estarán en el punto de mira de estas personas serán la familia, los amigos o la pareja. Alguien que padezca este síndrome, generalmente elegirá a una pareja menos capacitada en todos los ámbitos, para que no le haga la competencia en ningún aspecto. Si es un pariente no demasiado cercano, seguramente tratará de aislarla o de disminuir su autoestima para que la valoración de sus virtudes se reduzca. Suele convertirse en una relación tóxica entre ambas personas.

En el campo académico las personas que sobresalen sobre los demás, pueden ser mal aceptadas por su éxito, si de esta manera dejan en evidencia a otros menos estudiosos o inteligentes, y poner en peligro su prestigio. No solo ocurre entre iguales, también entre profesores y alumnos. Pueden generarse situaciones de acoso, en las que se impide que la víctima se desarrolle plenamente en el mundo académico.

En el plano laboral es donde puede ser más habitual y evidente este síndrome. La gran competitividad hace que haya personas muy preparadas para ocupar un solo puesto, el propio incluso. Una manera de evitar la competencia es evitar que otra persona sobresalga, minusvalorando su trabajo, robándole ideas, controlándolo, o diciendo mentiras sobre él para desacreditarlo. Si la persona que lo padece tiene poder suficiente, puede evitar la contratación de personas realmente válidas y emplear a otras más moldeables, que no supongan una amenaza.

Con esta actitud se impide que los empleados o compañeros saquen sus mejores cualidades, ya que no se trabaja bien en equipo y hay tensión en el ambiente. De esta forma se emplean de forma inadecuada los medios de la empresa, que tampoco desarrolla todo su potencial, pudiendo llegar a hacer que desaparezca.