¿Cuándo dejar que tus hijos salgan solos? 

Los niños tienen que aprender a desenvolverse en el mundo que les rodea. Y en algún momento tienen que salir solos de casa. ¿Cuándo permitirlo?

¿Cuándo dejar que tus hijos salgan solos? 

Es inevitable que ocurra. Un día le pides a tu hijo que baje la basura, al siguiente que se acerque a la tienda un momento, aunque mires desde la ventana... y lo siguiente es que él mismo se ofrecerá a hacerlo. Eso y más. Salir solo, sin la supervisión de un adulto es para los niños comenzar a sentirse mayores. Exactamente lo mismo que nos pasaba a nosotros cuando éramos pequeños.

El dilema para los padres es cuándo hay que permitir que lo hagan. Hay que tener en cuenta algunas cosas que aunque son de sentido común, conviene recalcar. Depende de la edad y en entorno. No es lo mismo vivir en la ciudad, que en el campo, que moverse por el barrio o tener que tomar un bus, ni tampoco es la misma situación que tengan ocho o doce años.

Por ello, la información que se les ofrezca a los niños tiene que estar adaptada a todas esas circunstancias. Los peques aprenden en la escuela el significado de las señales de tráfico, de los pasos de peatones, así es que tienen mucho ganado. También es necesario enseñarles prudencia, que se aseguren bien antes de cruzar a pesar de tener la prioridad y qué pueden hacer en caso de que algo no les cuadre, si ven a alguien sospechoso por ejemplo, indicarles dónde dirigirse o cómo reaccionar.

Todo esto hay que hacerlo sin asustarles. Solo hay que calcular qué obstáculos puede encontrarse y darles la solución para enfrentarse a ellos. Haz que tu hijo conozca el barrio, que sepa dónde están las cosas, las rutas seguras, si hay algún sitio que deba evitar.

Es buena idea acompañarles para elegir el itinerario más seguro y asegurarse de que hace bien las cosas. Luego, dejar que vaya solo un trozo o seguirlo de lejos. Además asegúrate de que lleve escrita la dirección y el teléfono y a ser posible que se lo sepa de memoria, por si tuviera que utilizarlo. Les hará sentirse bien y además podremos calcular el grado de madurez del pequeño.

Sin prisa, sin miedo, pero sin riesgos, adaptándose a su edad, a la dificultad del entorno y de forma progresiva. Y ayudándolos, porque el momento de que salgan solos llegará en algún momento y hay que aceptarlo como algo natural.

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