La idea de tener metas concretas y que estén a nuestro alcance parece estar profundamente arraigado en nuestra cultura. La internet, incluso nuestra web, está llena de artículos refiriendose a cómo ser mas próductivos organizándonos con sistemas de metas y objetivos. Al contrario de lo que pueda parecer, no tener metas puede ser absolutamente liberador, y no significa que dejes de lograr cosas o que disminuya tu productividad. Sería mas bien evitar limitarte. Liberarnos de nuestras metas y objetivos puede llevarnos a lugares sorprendentes, a los que nunca pensamos llegar. Esa es parte de la belleza de la filosofía zen: te conduce a lo inesperado.
Lo que comúnmente ocurre con las metas
“Nunca llegarás a ningún lado a menos de que sepas a dónde te diriges”. Esta es un frase bastante conocida y repetida, pero no significa que sea cierta. Si salimos de nuestra casa y caminamos sin rumbo, al cabo de unos minutos vamos a llegar a algún lugar. A pesar de que nunca supimos que allí nos dirigíamos. Cuando nos planteamos un objetivo lo hacemos a largo plazo: de aquí a tres años terminaré mi proyecto. Luego organizamos las metas, que son de mediano y corto plazo. Esto nos lleva tiempo, nos demanda energía, pero sabemos a dónde nos dirigimos, porque tenemos metas! Desafortunadamente, las cosas nunca resultan como las planeamos: surgen otras cosas inesperadas, no podemos hacer lo que pensábamos posible, o simplemente no logramos focalizarnos en la tarea. Tratamos de tener la meta en nuestra mente para motivarnos, pero terminamos aplazándola y esto nos frustra. Entonces nuestro calendario se va modificando, la lista de cosas pendientes crece, y nos desanimamos porque no tenemos disciplina. Por supuesto que algunas veces alcanzamos nuestras metas y nos sentimos maravillosamente bien. Pero incluso cuando logramos cumplirlas, hay algo que no está bien. ¿Cuál es el problema? Estamos limitados en nuestras acciones. Cuando no sentimos ganas de hacer algo, tenemos que forzarnos a hacerlo porque así lo dice nuestra lista de pendientes. No hay lugar a explorar nuevos territorios, porque hay un plan a seguir.
Cómo funcionaríamos sin metas
Entonces no nos fijamos metas. Ni para el año, ni para el mes, ni siquiera para la semana. Esto no significa que no podamos escribirnos listas recordatorias. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos tiramos en el sillón a descansar o andamos por ahi sin rumbo? No. Simplemente hacemos lo que tengamos ganas de hacer. Lo que nos apasione en el momento. No tener metas no significa no tener nada que hacer. Puedes producir, puedes crear, puedes apasionarte. En la práctica, esto es una cosa hermosa. Imagínate levantarte y hacer lo que verdaderamente quieres hacer. Imagina cuánto mejor saldrían las cosas si las hiciéramos con ganas, con libertad, sin límites. Al final, y si logramos hacerlo de manera sincera, lograremos más que cualquier meta que se nos pudiera haber ocurrido, porque no nos limitamos a nosotros mismos. Simplemente nos permitimos ser.
Algunas recomendaciones
Para reflexionar
El camino lo es todo. El destino no importa.
“Un verdadero viajero no tiene planes, ni intenciones de llegar” Lao Tzu
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